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LETRAS

Estoy muriendo por ti.
Un suave crujir de hedores es derramado entre mis rodillas.
Un sudor frío. Suave.
Pinturas maculan las profilácticas vibraciones de mi alma.
Pálpitos descarnados sucumban con todas estas hemiolas rojas.
Verlos ahí. Recordar esa Luna errante. Disipar los hedores vírgenes de los claustros de lápidas abiertas.
Una tersa y limpia palabra carcome estas no vidas pasadas.
Senderos intersectados por un lumen infinito.
Velas verdes en las sucintas armaduras del Rey decapitado.
Perece ante mis plantas por una sensación divina.
Su vientre se expande violentamente hasta verse hinchado.
Un pene estático, inerte, inmóvil, estupefacto, erguido bajo las cercenadas cuchillas de mi dilación.
Encarecidamente muelo esos gusarapos de temores eclesiásticos que inmiscuyes en mis venas.
No, no debo formular nuevas coyundas con tu masturbada fisura.
Olerte ahí, terminado en una cola sin crines. Con una mácula de látex blanco en tu cabeza.
Milenarias historias afloran en mi mente.
Recuerdos de añorados lares.
Calles vacías, hoy deshumanizadas por tu ambición de traición.
Pastos comidos por vacas inocentes fueron testigos de mi muerte.
Enterrada viva por una causa. Por mi causa. Por creer en ti y en tu política jerárquica.
Con ojos tuertos y zapaquildas preñadas entre boas y serpientes. Sobre un elefante con pelos y especímenes extintos.
Te vas. Fluyes en las olas del romance incauto.
No arremetas en mis calcetines.
Carrozas con trémoles de pelucas y Donjuanescas trovas.
Tu olor.
Mi hedor.
Hoy desentierran al Faraón y me encuentran.
Sólo cenizas de mi alma.
Sólo restos de mi espiga.

 

AvrilMacLune© todos los derechos reservados
Santiago, Chile 2005